|
OBESIDAD
Se
estima que un 40 % de la población de
Estados Unidos tiene exceso de peso y que aproximadamente
entre un 12 % de los adultos de edades comprendidas entre
los 20 y los 74 años están mórbidamente
obesos.
La obesidad se define como el peso corporal que excede
en más del 20 % el nivel deseable para una determinada
edad, sexo y estructura ósea, o un exceso de grasa
corporal con la que los riesgos para la salud comienzan
a aumentar.
La
obesidad es un grave problema de la salud que reduce la
esperanza de vida y amenaza la calidad de ésta.
Los individuos obesos están sometidos a un mayor
riesgo de enfermedad coronaria (CHD), hipercolesterolemia,
hipertensión, diabetes mellitus, enfermedad pulmonar
obstructiva, osteoartritis y determinados tipos de cáncer.
La prevalencia de la hipertensión, la hipercolesterolemia
y la diabetes de tipo II respectivamente, 2,9; 2,1 y 2,9
veces mayor en las personas con exceso de peso que en
las que no tienen exceso de peso. La obesidad aumenta
también el riesgo de desarrollar CD, con independencia
de otros factores de riesgo estándar de CHD.
Además,
la distribución de la grasa corporal, cuando se
mide mediante la relajación cintura cadera, es
un preeditor de las enfermedades cardiovasculares y de
la diabetes tanto en hombres como en mujeres.
La obesidad androide (parte superior del cuerpo) es más
típica de los hombres y está asociada con
un aumento del riesgo de CHD ; mientras que la obesidad
ginecoide (parte inferior del cuerpo), que es más
frecuente en las mujeres, no lo está. Se han postulado
diferencias en la sensibilidad a la insulina y en la
movilización de la grasa del tejido adiposo de
las regiones abdominales y de los glúteos como
factores subyacentes.
El
control del peso constituye una importante preocupación
para la población adulta, tal como pone en evidencia
el hecho de que los norteamericanos gastan unos 50 millones
de dólares (según diversas estimaciones)
en libros sobre dietas y ejercicios; 200 millones de dólares
en píldoras para hacer régimen y 6 billones
de dólares en bebidas dietéticas cada año.
Pero combatir la obesidad no es tarea fácil, dado
que mucha gente ha asumido en sus estilos de vida modelos
de comer con exceso y de ejercitarse insuficientemente.
En un intento por perder peso con rapidez y facilidad,
muchos se dejan engañar por dietas novedosas y
engaños publicitarios sobre determinados ejercicios.
Por tanto, tenemos la responsabilidad, como especialistas
del ejercicio, de facilitar programas de control del peso
mediante dietas y ejercicios que sean científicamente
solventes.
PRECAUCIONES
DIETÉTICAS
El
deseo de perder peso rápida y fácilmente
nos hace vulnerables a las dietas novedosas, que pueden
ser inseguras y nutricionalmente erróneas. El modo
más seguro de perder peso es a base de limitar
la ingestión calórica siguiendo al mismo
tiempo una dieta equilibrada. Algunas dietas ignoran la
importancia de las comidas bien equilibradas para que
la nutrición sea la adecuada, excluyendo o restringiendo
ingestión de hidratos de carbono, grasas o proteínas.
Dietas
bajas en hidratos de carbono.
Las
dietas que limitan o excluyen totalmente la ingestión
de hidratos de carbono producen una rápida pérdida
de peso, pero pueden llevar a la aparición de fatiga
excesiva, hipoglucemia y cetosis. Cuando la ingestión
de hidratos de carbono es baja, las reservas de glucógeno
en los músculos se agotan rápidamente. Por
cada gramo de hidratos de carbono, hay tres gramos de
agua almacenados en el cuerpo. Por tanto, cuando las reservas
de glucógeno se agotan, la pérdida de agua
conduce a una espectacular pérdida de peso, ya
que cada litro de agua pesa aproximadamente 9 gramos.
No obstante, cuando la ingestión de hidratos de
carbono vuelve a ser la normal, el peso se recupera rápidamente.
Otra
característica negativa de las dietas bajas en
hidratos de carbono es la pérdida del efecto conservador
de las proteínas por parte de los hidratos de carbono.
Cuando reservas de glucógeno se agotan, las necesidades
de glucosa del cuerpo se satisfacen mediante la descomposición
de las proteínas musculares. Esto produce una pérdida
de tejido magro en lugar de una pérdida de tejido
graso.
Dietas con contenido elevado de proteína.
Las
dietas de alto contenido proteico favorecen la pérdida
de tejido muscular cuando la ingestión de hidratos
de carbono es demasiado baja. Se necesitan aproximadamente
60 gramos de proteínas para satisfacer las exigencias
cotidianas del cuerpo. La ingestión de proteínas
superior a esta cantidad no puede almacenarse en el cuerpo.
Por tanto, los aminoácidos son convertidos en grasa
y el exceso de nitrógeno es eliminado por la orina.
Además, algunas de las dietas altas en proteínas
requieren beber grandes cantidades de agua para impedir
la deshidratación por exceso de producción
de urea y eliminar la cetona.
Dietas con contenido elevado de grasa.
Las
dietas que permiten un consumo ilimitado de grasa producen
altos niveles de colesterol y de triglicéridos
en sangre. Esto es potencialmente peligroso para la salud
ya que el colesterol en forma de lipoproteínas
de baja densidad está asociado con la arteriosclerosis
y la CHD. Típicamente, las dietas con contenido
elevado de grasa tienen una gran catidad de calorías.
Cada gramo de grasa produce 9,3kcal, en tanto que las
mismas cantidades de proteínas y de hidratos de
carbono producen 4,3 y 4,1kcal respectivamente.
Por tanto, la cantidad total de alimentos que puede consumirse
en una dieta con contenido alto en grasa es inferior a
la de una dieta con contenido alto de hidratos de carbono
o proteínas cuando la ingestión de calorías
es la misma. Dado que en el cuerpo no hay caminos metabólicos
para convertir la grasa en glucosa , el exceso de grasa
se almacena como tejido adiposo.
Ayuno.
Para
algunas personas, abstenerse totalmente de comer puede
ser más fácil que limitar la cantidad de
alimentos ingeridos. No obstante, el ayuno puede producir
serios problemas tales como un funcionamiento deficiente
de los riñones, hiperuricemia pérdida del
cabello, vértigos, desmayos y calambres musculares.
Cuando
el cuerpo se ve privado de alimentos, reacciona aumentando
las enzimas que depositan de grasa y almacenando más
grasa. Asimismo, puesto que no hay grasa disponible como
fuente de energía, el cuerpo metaboliza proteínas
para satisfacer necesidades energéticas.
Saltarse comidas.
Saltarse
comidas para restringir la ingestión de calorías
conduce a un incremento del depósito y almacenaje
de grasa. Si tomamos una sola comida al día, el
cuerpo es sometido a una situación de ayuno (23
horas de ayuno) que aumenta las enzimas que depositan
de grasa. En una semana aproximadamente, el cuerpo se
adapta a este proceso aumentando el porcentaje de alimentos
absorbidos por el intestino delgado. Además, una
cantidad superior a la normal de los hidratos de carbono
y de las proteínas ingeridas se convierte y es
almacenada como grasa. Por todo ello, los expertos en
nutrición aconsejan tomar como mínimo tres
y hasta un máximo de seis comidas al día.
TodoFitness.com
|