A
través de los años y siendo cada vez mayor
la participación de las mujeres en los deportes
competitivos se ha visto y detectado la aparición
de ciertos desórdenes comunes entre ellas de
tipo físico metabólico y psiconutricionales
que han originado una nueva entidad clínica denominada
"La tríada de la atleta".
Un marcado énfasis de la mujer en sus aspectos
estéticos lleva a un obsesivo control de su alimentación
y el cuidado de su físico todo lo cual desemboca
en desórdenes alimentarios y un exagerado abuso
de los entrenamientos. Como consecuencia aparece el
desarrollo de amenorrea (ausencia de menstruación)
y la consiguiente osteoporosis (pérdida de hueso).
Desde que la densidad mineral ósea para la formación
de la masa ósea tiene su mayor estímulo
durante la etapa en que la mujer comienza con sus ciclos
menstruales, la falta de los mismos es directamente
proporcional a la disminución de esta densidad
con la potencial aparición de fracturas osteoporóticas
dependientes de accidentes traumáticos de la
vida deportiva.
Las conductas asociadas con la restricción calórica,
generalmente con objetivos de pérdidas de peso,
son características de las atletas de elite que
requieren mantener un peso ideal asociado a su disciplina
deportiva. Ello, a su vez, se relaciona con entrenamientos
severos planificados en función de lograr el
éxito deportivo, el cual difícilmente
llegue debido a que el desbalance energético
producido por el magro aporte calórico y el excesivo
gasto, la inhabilitan para un rendimiento óptimo
a la vez que afecta sus funciones reproductivas desarrollando
amenorreas, falta de estrógenos y el riesgo de
las fracturas.
Mientras que las amenorreas ocurren entre el 2% y el
5% de mujeres durante su vida fértil, esta proporción
puede incrementarse hasta un 40% en las atletas.
Uno de los postulados de las investigaciones de la fisiología
del ejercicio indica que la restricción energética
calórica produce un disturbio en el funcionamiento
de las hormonas que regulan la función menstrual
de la mujer. Esto implica la falta de energía
proveniente de los nutrientes esenciales.
Tratamiento
y Prevención
En
cuanto al tratamiento, todas las pautas conducen a restablecer
el inicio de la cadena que es el incrementar el aporte
calórico a través de la dieta. Esto significa
modificar el balance energético negativo y transformarlo
en positivo. Esta transición no sólo debe
hacerse con el mayor aporte calórico sino también
mediante una restricción del gasto por el entrenamiento.
La mayoría de las veces suelen verse resultados
favorables restableciéndose los ciclos menstruales.
Adicionalmente puede suplementarse la dieta con aportes
de calcio para el fortalecimiento de los huesos aunque
algunos reportes indican que la mineralización
ósea puede no retornar a los niveles en las atletas
amenorreicas. Aún así, con estas medidas
se notan mejorías de rendimiento.
En lo que se refiere a prevención, como siempre
el punto más importante, se hace necesario detectar,
de parte de los entrenadores o allegados a una atleta
en riesgo potencial, signos de advertencia basados en
hábitos alimenticios, adicciones, cuidados personales
excesivos, abuso de pastillas para adelgazar, sesiones
cada vez más intensas de ejercicios, comentarios
con amigas, lesiones frecuentes, etc. y en la esfera
psicoemocional ansiedad, perfeccionismo, obsesividad,
autocrítica, soledad, etc.
Dr. Jorge Osvaldo Jarast, médico cardiólogo
especializado en medicina del deporte. Director de Cardiofitness,
centro dedicado a la salud, prevención y calidad
de vida.